Y vuelta a empezar

Y vuelta a empezar


Y vuelta a empezar

Basado en hechos casi reales

– No nos sale rentable matar a los clientes, amigo. La próxima vez habrá que tener más cuidado.- me repitió de manera lastimera el calvo Ramírez recolocándose la nueva chaqueta que había comprado para las ocasiones importantes.

Todavía recuerdo esta frase, palabra por palabra, mientras comenzaba el principio de lo que llegaría a ser esta historia que les voy a contar antes de que me muera en este infierno de cuchitril. Espero que no les molesten mis formas pero cuando uno está deshaciéndose literalmente por dentro, las buenas maneras pasan a un segundo plano. Intentaré presentar los hechos lo más objetivamente que pueda, pero, al ser parte implicada en la estafa más conocida que ha sucedido en este país durante mucho tiempo, no les prometo nada. Ustedes verán si se fían de la palabra de un ladrón.

Les aseguro que lo único que me ha llevado a contar todo lo que sé es la pura desesperación. Acabaré bajo tierra pero hay unos cuantos que vendrán conmigo. De eso, estoy seguro.

Todo comenzó hace un par de años. Era una de las típicas etapas de bonanza económica en las que la gente se entrega al consumismo más atroz. Comprenderán que hable en pasado porque supongo que les habrá llegado ya la noticia de que nada volverá a ser como antes. Bajadas de sueldo, subidas de impuestos,… en fin. Ahora mismo imagino lo que hubiera dicho mi madre a este respecto:

– Os está bien empleado a todos los jovenzanos. Si hubierais pasado el hambre y la escasez que tuvimos después de la Guerra. Ahora, que cada palo aguante su vela.- amenazaba siempre con su voz chillona y atronadora.

Pues resulta que, por aquella época, andaba yo trabajando en una financiera de, digamos altos intereses. Nos codeamos con lo más granado de la sociedad e, incluso, con varios miembros del gobierno que no movían ficha si no consultaban sus decisiones con nosotros con anterioridad.

Fue entonces cuando conocí a Ramírez, el que todos consideraron el rey del lugar. De un primer momento, me impresionó su porte de estrella de cine de los años cincuenta y su capacidad de convicción que quebraba cualquier posible atisbo de duda ante sus opiniones y planteamientos. Después caí rendido en sus triquiñuelas de bróker sin escrúpulos y con muchas dobles intenciones. Nuestro primer encuentro fue casual. Era lunes por la mañana y estábamos a punto de comenzar la jornada cuando se acercó sigilosamente hacia mí:

– ¿Perdona, a qué hora es la reunión al final? No he podido escuchar bien a la secretaria de Cristóbal.

– La verdad es que estoy seguro. Ahora mismo le voy a escribir un correo para confirmarlo. De todas formas, no creo que tarde en llegar.

– Muchas gracias. Si no te importa, voy pasando, enciendo el ordenador y, bueno, ya sabes… Es mi primera semana y voy viendo cómo funcionan las cosas por aquí.

– Como si estuvieras en tu casa, adelante.

Esta charla insulsa dio comienzo a una relación que desembocó en multitud de reuniones a horas intempestivas con un simple objetivo, machacar sin piedad a nuestros dos competidores, Rekalsa y Benatcar y, en especial, a su socio número uno, Álvaro Cózar. Quiero que conste que, al comienzo, yo tenía mis escrúpulos. Una vez fue pasando el tiempo, me convertí en un seguidor de Ramírez. Era un ser hecho a su imagen y semejanza, altivo, orgulloso y resolutivo, es decir, un filón para superiores con intenciones poco edificantes. Por estas razones, nos tuvieron en cuenta a la hora de encargarnos el proyecto más importante del año:

– Será un bombazo esta idea. Vosotros dos juntos no podéis fallar.- nos dijeron extasiados y con el ánimo por las nubes.

Fuimos partícipes de los mayores engaños que se pueden perpetrar. La mala fe nos acompañó durante bastante tiempo. Éramos únicos rematando las amenazas y los planes de extorsión. No obstante, el asunto que me trajo a pudrirme a este infierno de metal inmundo nos pareció muy fácil de inicio. Craso error:

– ¿Seguimos el mismo método de siempre, no?

– Ya, Ramírez, pero no creo que sea adecuado en este momento. Cózar está a punto de adquirir la mayoría de las acciones de Alaone. Le vamos a tener bien metido aquí todos los días.

– Sé cómo funciona. No te preocupes. Seguro que contratará a un testaferro para que trabaje con nosotros y él, como siempre, va a pasar desapercibido. Llamaré a mi contacto en la policía para que nos eche un cable. Ya le he sacado de muchas otras antes. Ahora tiene que devolverme los favores

– Como veas. Estoy atado de pies y manos en este tema. No tengo más remedio que confiar en ti. Hasta ahora, nunca has fallado. Eres Ramírez, el invencible…

– Perdonen, deben ir terminando. Son las ocho y media y se ha terminado la hora de visitas. Mañana tienen concertada cita en la misma sala.

– Gracias, amigo. Terminamos en un segundo. Déjeme despedirme de estos señores hasta mañana. La cortesía es importante, ¿verdad qué sí?

– Lo que sea pero rapidito. En cinco minutos termina mi turno y no voy a estar esperando mucho más.

– Dispensen las molestias pero ésta es la rutina de este sitio. Les seguiré contando mi historia sin ningún tipo de problema. Cuando uno está desahuciado de la sociedad y de sí mismo, no importan las consecuencias que provoque el tirar de la manta. Sólo les aconsejo que traigan una grabadora. Con el bloc de notas no les será suficiente…Sí, claro. No se imaginan lo que puede llegar a ser el mundo visto desde las altas esferas.

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