Summertime

Summertime


Summertime

Puerto de la Cruz, 15 de Julio de 2012

 

Summertime,
Child, the living´s easy
Fish are jumping out
And the cotton, Lord,
Cotton´s high, Lord, so high…

 

Mientras tarareo esta canción, soy consciente de que, por fin, he dado el paso definitivo, querido diario.

Lo peor es que no tuve en cuenta mis sentimientos. Creo que no sabes nada sobre lo que ha pasado. Te confieso que hay cosas que no te puedo contar. Lo siento. No soy tan valiente. Siempre dicen que cuando uno escribe trata de exorcizar sus demonios. En mi caso, he preferido fustigarme hasta que el corazón ha dicho ¡basta!

Esta historia empezó cuando aparecieron las discusiones entre Laura y yo. Muy a menudo eran naderías pero esas peleas pasaron a tener un nombre propio en la sombra, Manuel. Trabajaba con él de sol a sol sin importarle mi aislamiento y mis malas épocas. No obstante, entre nosotros dos hubo un acuerdo tácito. Si algo no se nombra, no existe. Ahora estoy en mi apartamento de la playa, en el Puerto de la Cruz, para más señas. He huido del atolladero para esconderme entre guiris reventados al sol y playas de ensueño. Fue nuestro nidito de amor durante mucho tiempo, pero… ¡Será mejor dejar de atormentarme con este tema! De todas formas, ¿no tienes la más mínima curiosidad en saber cómo se desencadenó la tragedia? Fue un mensaje de texto. ¡Maldita la hora en la que lo descubrí!

M niña, recuerd ponert ese vstid q tnto m pne. Hace tnto calor q m derrito x vrte.

 

            Me quedé helado. Ese lenguaje tan vulgar sólo quería decir una cosa muy evidente. Aún no sé por qué pude reaccionar de esa manera tan macabra. Me dispuse a contestar a ese mensaje antes de que Laura lo viera.

           

Cmbio d plnes, corzn. T spero n m casa. Javier n stá. Vn A ls 8. Bss.

 

            Eran las seis en punto de la tarde así que me quedaba poco tiempo para llevar a cabo mi venganza. Fui preparando la mesa del salón de modo que pareciera que íbamos a tener un romántico encuentro para dos. En una jarra con abundante hielo dispuse una botella de champán. En una copa serví un abundante chorro y lo mezclé con el contenido exacto de un sobre repleto de barbitúricos que me había preparado hace ya bastante tiempo mi amigo Lucas en su farmacia.

    Toma, por si lo necesitas. Lo que estás sufriendo no tiene razón de ser -me dijo con gesto amigable.

    Pero si yo… -vacilé sin saber de qué manera actuar ni como tomarme la actitud de mi colega.

    Utilízalo y huye. Tienes que saldar tus cuentas pendientes –dijo antes de abrazarme de forma sincera.

Acto seguido llamé al trabajo de Laura. Tenía que inventarme una pequeña treta porque el tiempo iba en mi contra.

    Cariño, te has dejado el móvil en casa y voy a salir con Luis… Lo sé, estás muy ocupada. ¿Quieres algo para cenar?… Perfecto… No, no me pasa nada. Sólo quería ayudarte… Bueno, tú llega a la hora que puedas… Tranquila, mi niña… ¿Llegas a las ocho y media?… Perfecto… Adiós, adiós… Te quiero cariño.

¡Qué cabrona! Como siempre, hablar con ella por teléfono era lo más parecido a un combate de lucha libre. Pero esta vez iba a ser la definitiva. Sin acritud.

    Lo que vas a hacer es grave pero hay que acabar con él. – me repetía una y otra vez en el transcurso de aquellas dos horas. Resultó una placentera forma de tranquilizarme.

Quedaba una media hora escasa para que mi plan surtiera efecto y únicamente tenía que redactar una nota arrebatadora y romántica. Nunca se me ha dado bien escribir, pero a romántico no hay quién me gane.

Las campanas del reloj de la iglesia del pueblo dieron las ocho en punto. Debía tomar posiciones. Me escondí en la habitación para invitados suponiendo que mi víctima iba a utilizar mi dormitorio, mi cama, mis sábanas y mi albornoz para ponerse en situación. Al par de minutos, los goznes de la puerta sonaron y el tipejo entró en la casa sin llamar antes.

    Cariño, ¿estás en casa?

Al no obtener respuesta, entró de manera sigilosa en el dormitorio y al instante salió y se dispuso a acomodarse en el salón. Bebió la copa de champán que le había dejado en la mesa. Era cuestión de minutos. Te aseguro, amigo diario, quee esa dosis se lleva por delante a cualquiera.

No tardó ni un minuto en despojarse de la ropa poco a poco y dirigirse hacia el dormitorio. Mis nervios me atenazaban porque en ese momento ya no podía espiar sus movimientos. En unos instantes se oyó un ruido seco. Acto seguido, desaté toda mi furia. Cogí de la cocina un cuchillo. Sólo recuerdo que quise huir.

Y ahora me encuentro en mi apartamento de la playa. El sitio en el que disfruté de tantos momentos con Laura hasta que nuestra vida en pareja se vino al traste. Estoy incomunicado tras haber arrojado el teléfono en la primera papelera que encontré.

 Laura no paró de llamarme pasadas unas horas. Sus mensajes fueron amenazadores y terribles. Soy un fracasado. No he podido afrontar ni mi vida en pareja ni mi vida personal. He sido incapaz de ofrecer cariño a mi novia. Por eso, ha tenido que buscar el amor en otros lugares. Como aún la adoro, querido diario, sé que hay una única solución.

    Sí, ¿la Policía Local? Me inculpo del asesinato del amante de Laura Santiago, Manuel Pastor, en nuestra casa de Icod de los Vinos. Soy Javier Cañero, su novio. Ahora mismo estoy en el Puerto de la Cruz, en la calle del Puerto.

Tras colgar el teléfono, querido diario he subido el volumen del altavoz del iPod para escuchar la misma canción que me ha marcado tanto durante todo este tiempo. Voy a subirme al balcón de la terraza y,mientras contemplo el mar, tomaré la decisión definitiva.

Oh your daddy’s rich and your ma is good lookin’
So hush little baby, don’t you cry
One of these mornings
You’re goin’ to rise up singing
Then you’ll spread your wings
And you’ll take the sky
But till that morning
There’s a nothin’ can harm you
With daddy and mammy standin’ by…

 

 

 

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