Publicación de “El prado verde de Jay McKay” de Sergio Allepuz, XL premio Cáceres de novela corta

Publicación de “El prado verde de Jay McKay” de Sergio Allepuz, XL premio Cáceres de novela corta


PORTADA EL PRADO VERDE EDICION DEL AUTOR(2)¡Hola a tod@s!

Hoy os dejo una nota de prensa que ha llegado al blog sobre la publicación de la novela “El prado verde de Jay McKay” de Sergio Allepuz, XL premio Cáceres de novela corta. La verdad es que la sinopsis es muy atractiva. Por esta razón, dentro de unas pocas semanas os reseñaremos este libro en el blog. Os la recomendamos.

NOTA DE PRENSA

Publicación de la novela “El prado verde de Jay McKay”, ganadora de la XL edición del premio “Cáceres de Novela Corta” a cargo del propio autor, Sergio Allepuz Giral (www.sergiallepuz.webnode.es).

Sergio Allepuz es un escritor catalán (Barcelona 1969) afincado en Aragón, y ganador de numerosos premios de microrrelato, relato y novela a nivel nacional, tales como el “Ciudad de Tudela”, “Ciudad de Huesca”, “Fernando Lalana”, “Villa de Alfambra”, “La Calle de todos”, “Tertulia Albada” o “Grita contra la violencia de género”.

En El Prado verde de Jay McKay, un pequeño pueblo del noroeste de los EE.UU. es el escenario de una bella historia, narrada en primera persona y a modo de flashback, en la que su protagonista recuerda el año que vivió como estudiante extranjero de intercambio en su lejana adolescencia. El argumento principal de la novela se recrea en desvelarnos, en un tono humorístico que contrasta con los trágicos hechos relatados y casi en un único día, los traumas y los sueños (o la falta de ellos) de sus cuatro personajes principales: dos chicas y dos chicos. Cuatro personajes inolvidables que representan cuatro maneras muy distintas de enfrentarse a una etapa tan difícil y hermosa a la vez como es la de la adolescencia.

“… Su piel pálida tenía el mismo tono que la nieve incorrupta que se amontona dormida sobre los tejados de las casas en invierno y permanece inalcanzable a nuestros pobres dedos humanos que, sin dudar, la mancharían con su tacto de barro. Sus labios, pintados de negro, eran finos y hermosos. Parecía que estaban dibujados a carboncillo, según la descripción barroca e imposible de algún poeta del Romanticismo, fumado de opio hasta las cejas y atormentado por el desamor de alguna niña que se negó a desnudarse ante él, a pesar de los versos que el muy sátiro le dedicó a ella y a su culo infantil. Sus ojos eran grises como los de un perro de la raza Husky, pero en su fondo no se observaba la obediencia ciega de estos animales, sino la rebeldía de la juventud humana en su estado más puro. Esa misma juventud que nos hará llorar desconsolados por su pérdida algún día, cuando seamos viejos y, entre una revisión de próstata y la siguiente o, si lo prefieren, entre una revisión de ovarios y la siguiente, nos dé por recordar todas aquellas cosas que no hicimos cuando tuvimos ocasión de hacerlas…”.

Fragmento de “El prado verde de Jay McKay”

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