El caos y los amores imperfectos

El caos y los amores imperfectos


¡Hola a tod@s!

Hoy os dejo otro relato propio, titulado “El caos y los amores imperfectos” que apareció publicado en la antología “Generación Subway VI” de la editorial Playa de Ákaba. En esa ocasión el libro llevaba como subtítulo “Barcelona-Madrid: Tainted Love” y los autores tratábamos de describir las relaciones tortuosas que siempre han tenido esas dos ciudades. Espero que os guste mi contribución al libro.

EL CAOS Y LOS AMORES IMPERFECTOS

-Gabriel Neila-

 

En un aeropuerto se pueden encontrar las situaciones más extrañas. Miren si llevo trabajando años en esta contrata de limpieza y en la misma terminal del aeropuerto del Prat en Barcelona, pues no paro de conocer a diferentes personas que me cuentan sus historias. Siempre me ha resultado curioso observar a los viajeros que esperan sus vuelos, mientras hago mi labor. Unas personas me llaman más la atención que otras, pero siempre hay gente a la que merece la pena escuchar. Os sorprenderíais de la cantidad de cosas que se pueden aprender mientras se limpia aquí.

La historia que les voy a contar sucedió la semana pasada. He esperado a que pasara todo el revuelo mediático de estos días para ser lo más objetiva posible. No sé si lo conseguiré porque Linda Juárez era tan parecida a mi sobrina, la pequeña, que aún la recuerdo con mucho cariño. Su mayor afición, en todo momento, era charlar por teléfono mientras sonreía con dulzura. Supuse que su interlocutor era un hombre: su novio, su amante, su marido… ¡Llámenlo como quieran! Utilizaba con él los apelativos más cursis y ñoños que se puedan imaginar.

Me la encontré por primera vez hace ya un par de meses, mientras esperaba su avión con destino a Madrid. Aún recuerdo el número del vuelo: TA0009. Mi espíritu indiscreto se despertó justo entonces. Le estaba contando multitud de confidencias a ese supuesto hombre. No pude más que prestar atención a sus palabras. Durante unos minutos no paró de repetirle lo muchísimo que había disfrutado en ese loco fin de semana. Sonaba su nombre a cada segundo: Omar.

Tras ese encuentro fortuito vinieron muchos más. En algunas ocasiones la encontré más triste, mientras que en otras estaba más alegre y receptiva. No obstante, el universo de los que estábamos deambulando por aquella terminal se detuvo un buen día de la semana pasada. Linda acababa de pasar por el control de seguridad y se disponía a pasear a lo largo de la zona de duty free antes de coger su vuelo. Su atuendo era cuidado y elegante. Una pequeña bolsa de mano y su inseparable teléfono la acompañaban. Aún lo recuerdo con nitidez.

─Hola, Omar. ¿Qué tal estás, amor?… Sí, claro… ¿Has recibido mi mensaje? Sí, claro. Era una sorpresa, pero tu secretaria me ha dicho que no estabas… ¿Cómo que no puedo venir sin avisarte antes, cariño? Supuse que estarías solo y, como me dijeron que estabas ocupado, me ha dado pena molestarte… ¡Ay, lo siento…! Oye, te oigo fatal. ¿Qué es lo que suena?, ¿hay alguien contigo?… ¡No estoy desconfiando de ti! ¡Cómo iba a hacer algo así! Dime cuándo te he fallado, Omar. Sabes que para mí es difícil mantener este ritmo de vida… No me digas eso. Perdóname, por favor… No, no me hagas esto…

Acto seguido Linda rompió a llorar con unos sollozos ensordecedores. Su discurso era entrecortado e inverosímil. No le importaba lo que los demás pensaran de ella. Me acerqué a ella de manera temerosa. Dejé el mocho y el carrito a un lado y reuní todo el valor posible para ayudar a aquella muchacha.

─Cariño, tranquila. Son todos iguales. No se lo tomes en cuenta. Seguro que no será nada importante ─le dije mientras me sentaba a su lado.

─Mire que me lo advirtió mi madre: «Lindita, no te arriesgues. Eres una chica guapa. No tardarás en encontrar a un hombre que te quiera. Ahora no te vayas con ese Omar. No me fío de él. Tiene la mirada ausente.»

─Pero, ¿qué te han hecho, criatura? Ven aquí. Cuéntamelo que si te desahogas, estarás mucho más tranquila.

─¡Ay, lo siento! No debería estar dándole la murga con mis problemas, señora. Además, seguro que tiene tarea por hacer…

─¡Tranquila, cariño! Si aquí también me pagan por escuchar a los viajeros. Es un servicio integral. La nueva política de la empresa es así… ¿Qué miran ustedes? ¡Aquí ya no hay más espectáculo! La señorita se viene conmigo… Vente, reina, que en el bar de aquí al lado sirven unos bocadillos de muerte…

Por fin Linda sonrió. Con solo darle un abrazo, aquella muchacha desvalida no dudó en confiarme sus secretos. Era evidente su necesidad de hablar con alguien. Nos levantamos de uno de tantos bancos que inundan la terminal del aeropuerto y llevé a Linda a uno de los bares cercanos. Le guiñé el ojo a una de las chicas recién llegadas para que me supliera durante un rato…

─Si yo no suelo montar estos escándalos. Soy mucho más comedida. Pero es que ya no puedo aguantar más esta situación. ¿Sabe qué cara se le queda a una cuando apuesta por una persona que no está implicada en una relación? A veces creo que a Omar le da todo igual. Prefiere quedarse con su matrimonio perfecto, con su trabajo y con su estatus.

─¿Cómo conociste a ese gañán, cariño? ─le respondí con cierta curiosidad mientras pedía una abundante ración de calamares a la romana porque ya se acercaba la hora de comer.

─Ya hace bastante tiempo, no crea. Soy azafata y siempre ando de aquí para allá. Fue en un congreso de médicos que se celebró en el Palacio de Congresos de Madrid. Me asignaron atender a un grupo de altos cargos del Ministerio de Sanidad, y allí estaba él. Vestía con un traje tan elegante y me trataba de una manera tan distinguida que enseguida me encandiló…

─Esos son los peores, cielo. Si te cuento cosas sobre los que veo yo por aquí. Por ejemplo, el jugador ese de fútbol tan famoso, Miguel Reina. Ese que sale en la tele, y parece tan educado y tan galante… Pues el otro día andaba en la sala VIP dándose el lote con un muchacho mucho más joven que él. ¿Qué te parece? Yo me quedé sin habla…

─¡Ja, ja, ja! Omar es diferente. Fíjese que, en la primera noche que salimos juntos, me llevó a un restaurante japonés pequeñito, pero carísimo. Uno que está paralelo a la Gran Vía. Cuando le vieron aparecer, no dudaron en ofrecerle una mesa en un reservado. Allí nos contamos detalles sobre nuestra vida entre bocados de pescado crudo y sorbos de uno de los mejores vinos que he probado jamás. Y como quién no quiere la cosa, acabó llevándome a uno de sus apartamentos en la Plaza de España. Hicimos el amor hasta el amanecer.

─Pero eso ahora no importa. ¿Qué es lo que os ha pasado? Algo muy malo te ha tenido que decir por teléfono.

─Está casado. ¿Qué le parece? Soy una verdadera idiota, lo sé. Tardé en conocer su secreto unas semanas. No tuvo más remedio que confesármelo después de su traslado aquí a Barcelona. Las elecciones le dejaron sin su puesto político, pero un amigo suyo le ofreció la dirección de un hospital privado y muy exclusivo. Se vino sin pensárselo dos veces. Me ha pedido muchas veces que aguantara porque su matrimonio estaba muerto. Era solo cuestión de tiempo. El problema es que ya no tengo edad para estar así. Mi familia me pregunta y ya no sé qué decir. No puedo seguir escondiéndoles esta doble vida que llevo.

─Pero, ¿le has dicho alguna vez lo que sentías de verdad?

─Claro que lo hice. El problema es que para vivir un amor a distancia, encima con esposa de por medio, hay que mantener la calma y tener mucha confianza. Yo ya hace tiempo que la perdí.

─Plántale cara, niña. Tienes que terminar con esta situación porque, en el momento más inoportuno, ese gañán te puede causar más problemas.

─El problema es otro. Es algo mucho más difícil. Conozco todos los desfalcos que cometió en su época política. Omar tiene amigos poderosos que le llevaron por el mal camino. Tenía que mantener su posición. Llevar una doble vida como la suya tiene un precio alto. Me ha pagado todos los billetes de avión y todas las estancias en Barcelona desde hace dos años, pero creo que este va a ser mi último viaje…

─¿Te atreverías a contarlo alguna vez?

─No creo. Se lo prometí a Omar y soy una mujer de palabra. Por mucho daño que me haga, sería incapaz de quebrantar este secreto.

─¿Ahora venías a verle, verdad? ─le pregunté mientras me di cuenta de la hora que era.

─Efectivamente. Lo que no sé es si me va a recibir. Su mujer ha cancelado un viaje de negocios y ahora está en casa. No creo que Omar tenga ni un minuto libre.

─Vuelve a llamarle y monta un espectáculo. Amenázale con contarlo todo en la prensa o la televisión. Forma una muy gorda. Seguro que se echará para atrás en cuanto vea peligrar su secreto. No volverá a tus brazos, pero, por lo menos, te sentirás reconfortada. Las pataletas vienen bien de vez en cuando…

Linda aceptó mi consejo de manera sosegada. Parecía pensativa después de la charla que habíamos mantenido. No era para menos. A los pocos segundos, aquella frágil muchacha me dio un abrazo que me desarmó. No nos dimos ni cuenta de que las azafatas de la compañía aérea comenzaban a llamar a los pasajeros para el embarque. Fue entonces cuando Linda desapareció entre la multitud.

Pasaron unos días hasta que volví a recordar a Linda. Me encontraba dándole un repaso a la zona de la puerta de salida número cuarenta, cuando comenzó a llegar un revuelo de gente inesperado.

─¿Qué pasa aquí? ─le pregunté a una de las personas que se arremolinaban en torno a no se sabía qué.

─Está llegando el avión del político ese que salió el otro día por televisión. Una de sus amantes ha filtrado a la televisión que su partido tenía chanchullos económicos. ¿No lo ha visto usted? Ahora los periódicos y la televisión solo hablan de eso ─me dijo un chico que tenía una pancarta con un lema que no fui capaz de leer.

─La verdad es que llevo una semana muy ocupada con mi marido que… ─le dije mientras un montón de gente trataba de forcejear contra una barrera policial que se había dispuesto para impedir el paso.

Uno de los guardias de seguridad, que suele pasear por la zona, me sacó de entre la multitud de repente regañándome. Sí que sabía que esos tumultos suelen ser peligrosos, pero la verdad es que mi inconsciencia me sobrevino. Sin darme cuenta, la puerta se abrió y un montón de periodistas comenzaron a sacar fotos del tipo en cuestión. Ni siquiera le pude ver. Los manifestantes se movían y chillaban enfervorecidos algo así como «¡Tus viajes privados, te los pagas tú!». La verdad es que no les puedo contar mucho más, porque el lío que se formó fue monumental.

Cuando el barullo pasó, no dudé en irme al kiosco de Juan. Ese que está antes de pasar el control de pasaportes… Sí, ese mismo, señora… Ese chico tan alto y guapete que es capaz de venderte hielo en un día de invierno. Pues le compré varios periódicos para saber sobre el tema. Los titulares eran unánimes:

«Omar Suárez, exasesor del Ministerio de Sanidad, implicado en una trama corrupta que apunta muy alto»

En una esquina inferior estaba su foto. Tenía cara de arrepentimiento. Sus asesores le rodeaban para intentar apartarle de las preguntas indiscretas de la prensa. No obstante, lo que más me llamó la atención no fue él. En la siguiente página había una entrevista a toda página con Linda Juárez. Su cara lucía de manera mucho más luminosa que de costumbre…

Sí, señora. Es totalmente verídico lo que le cuento… No sabe lo orgullosa que me siento de que aquella muchacha haya salido adelante … Sí, claro. Yo escucho a todo el mundo que me quiere contar algo. Los aeropuertos son territorios inhóspitos donde la gente va y viene sin preocuparse por los demás. Hay que proporcionar un poco de humanidad a los que nos rodean, ¿no cree?… Sí, sí, vaya usted no pierda su vuelo. No se preocupe. ¿Con qué compañía viaja?… Ay, no se fíe usted de esos. Tienen billetes muy baratos, pero luego todos los pasajeros hablan fatal de ellos… Espero que tenga un viaje estupendo, señora… Sí, claro. Si vuelve usted por este aeropuerto, no dude en que coincidiremos por aquí. Vaya con cuidado.

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