"Distintas formas de mirar el agua" de Julio Llamazares

"Distintas formas de mirar el agua" de Julio Llamazares


"Distintas formas de mirar el agua" de Julio Llamazares

TítuloDistintas formas de mirar el agua

Autor: Julio Llamazares

Editorial: Alfaguara

Sinopsis: ¿Puedes regresar a un lugar del que nunca te marchaste? Una novela sobre el destierro, la memoria y la nostalgia de lo perdido «”La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: “¡Qué bonito!”… Y qué triste, añado yo.» En medio de un paisaje hermoso y desolador, la muerte del abuelo reúne a todos los miembros de una familia. Junto al pantano que anegó su hogar hace casi medio siglo y donde reposarán para siempre las cenizas de Domingo, cada uno reflexiona en silencio sobre su relación con él y con los demás, y sobre cómo el destierro marcó la existencia de todos ellos. Desde la abuela a la nieta más pequeña, desde el recuerdo de la aldea que los mayores se vieron obligados a abandonar a las historias y pensamientos de los más jóvenes, esta novela es el relato coral de unas vidas sin vuelta atrás, un caleidoscopio narrativo y teatral al que la superficie del pantano sirve de espejo. No existe una única forma de mirar el agua, pero el sentimiento de desarraigo, de exilio definitivo, ha permeado gota a gota a esta familia, generación tras generación. Tal vez porque ningún lugar duele tanto como aquel al que jamás podrás volver si no es desde el recuerdo o una vez muerto. Pero lo importante es regresar, como Ulises a Ítaca. No importa cómo ni de qué forma.

(Extraída de la página web de la editorial http://www.megustaleer.com/libros/distintas-formas-de-mirar-el-agua/AL19176)

Opinión: No les voy a descubrir nada sobre Julio Llamazares. El autor leonés se ha ganado una legión de lectores a lo largo de toda su carrera literaria a base de buenas obras en las que cada palabra está escogida y cuidada hasta el más mínimo detalle. Bien es cierto que, desde mi punto de vista, la obra de Llamazares sufrió un pequeño bajón con la poco entendida “El cielo de Madrid” que le valió alguna que otra crítica negativa. Ya os reseñamos en el blog la obra que supuso su renacer literario, “Las lágrimas de San Lorenzo“. En aquella ocasión Llamazares nos regaló una sentimental y preciosa obra en la que retrataba magistralmente la relación entre un padre de personalidad compleja y su hijo. Aquella historia merecía mucho la pena y supuso un cambio de registro en la obra reciente del autor que nos devolvía el sabor de aquellas míticas “Luna de lobos” o “La lluvia amarilla”. En esta ocasión, el autor leonés se nos destapa con una novela corta titulada “Distintas formas de mirar el agua” en la que, por medio de diferentes voces narrativas, se nos ayuda a comprender las relaciones entre los miembros de una familia que se encuentran reunidos para arrojar en el pantano de Vegamián las cenizas del abuelo recién muerto.

Desde mi punto de vista, estamos ante una obra que no aporta nada al universo narrativo de Julio Llamazares. A pesar de su corto número de páginas, resulta cansina y llena de tópicos. Sí tengo que reconocer que está muy bien escrita, pero a una obra de un escritor como Llamazares no se le debería considerar como un valor este hecho. El lector recorrerá sus páginas sin descubrir nada novedoso. De hecho, parece que nos encontremos con una obra escrita de forma desapasionada y a la que le hacen falta unas cuantas páginas más. Es una verdadera lástima, puesto que el material narrativo con el que cuenta esta novela es de primera categoría. Hubiéramos podido comprender mejor el mundo de los pequeños pueblos y de la España rural en la época de Franco con un poco más de detalle en las descripciones y en el desarrollo de los personajes. Pasemos, no obstante, a analizar de manera más detenida algunos aspectos a tener en cuenta de esta última novela de Julio Llamazares, “Distintas formas de mirar el agua”.

En primer lugar, si nos centramos en la historia, hemos de afirmar que estamos ante una serie de monólogos interiores de todos los miembros de una familia sobre la reciente muerte del abuelo. Al tratar con personas de diferentes generaciones, van a salir a la palestra un ramillete de temas muy amplio que nos permitirá bucear por la mente de los personajes. Veremos el papel que toman las mujeres de la familia ante la actitud de la abuela sobre la muerte de su marido. Asimismo, encontraremos el ya consabido tema de la marcha del campo a la ciudad en la España de posguerra y el sentimiento de pertenencia de ciertas personas de la época a su tierra. Hay muchos más. Todos ellos están tratados de una manera muy respetuosa por parte del autor. No obstante, sigo pensando que la novela hubiera ganado muchos enteros con un desarrollo mucho mejor. El lector va a cuestionarse todo el tiempo la actitud de los personajes porque necesita algo más de información. El desarrollo de la trama es correcto, pero desapasionado por completo. No nos vamos a encontrar con giros argumentales que lleven al lector a dudar sobre las diferentes opiniones de los personajes. “Distintas formas de mirar el agua” es un conjunto de monólogos correctamente escritos sobre la muerte del personaje del abuelo de la familia y de la España rural de la posguerra. Además, Llamazares vuelve a mostrarnos Vegamián como paisaje literario como ya hizo en alguna que otra obra suya. Lo que deberíamos preguntarnos como lectores es si el autor nos lo está presentando de una manera novedosa o no.

En segundo lugar, si analizamos los personajes de “Distintas formas de mirar el agua”, podemos afirmar que es uno de los aspectos más positivos de la obra. Cada uno de los monólogos cumple su función, puesto que Llamazares nos presenta a una tipología diferente de personas. Tenemos a la abuela que cumple con los cánones sociales de la mujer de posguerra, la mujer rebelde y resolutiva del siglo XXI, el hijo de familia de clase baja que trata de emigrar fuera del ambiente familiar para forjarse un futuro mejor,… etc. Los lectores nos vamos a reconocer muy fácilmente en estos monólogos. Llamazares está intentando hacer una descripción de una familia típica de clase media en España, con todos sus defectos y todas sus virtudes. Merece la pena destacar la habilidad con la que ha presentado la figura del abuelo sin necesidad de estar presente en el desarrollo de la trama. A pesar de que parece el personaje principal, nos encontramos ante una obra completamente perspectivista, en mi opinión. Esta múltiple perspectiva ha ahogado un poco la fuerza de la historia. Tenemos muchos datos desarrollados en muy poco espacio. La novela merecía más páginas para ahondar en todos los temas que nos presenta.

En tercer lugar, en cuanto al estilo literario de Julio Llamazares, habría que decir que es adecuado y muy correcto para el tipo de obra que nos ha presentado. El autor da mucha importancia a las palabras que usa y al fraseo de cada uno de los monólogos. Cada uno de los personajes presenta un modo de habla diferente que los hace verosímiles. No obstante, como ya he indicado antes, al tratarse de una novela de un autor de primera fila, no debemos conformarnos con que esté bien escrita únicamente. Llamazares ha apostado sobre seguro y no ha arriesgado. Ha tratado temas que ya conoce de la misma forma que siempre. Por todo ello, “Distintas formas de mirar el agua” se queda en otra obra más que no perdurará dentro del conjunto de sus trabajos. Llamazares nunca ha podido superar aquellas “Luna de lobos” o “La lluvia amarilla” aún contando con uno de los estilos literarios más elegantes y reconocibles de nuestro país.

Vayamos concluyendo. Como ya sabéis los seguidores de este blog, siempre me gusta dejar una entrevista con el autor sobre el libro que os reseñamos. En esta ocasión, el vídeo que os propongo resulta muy interesante, puesto que os ayudará a comprender algunas claves de la novela y de su proceso de creación. Es evidente que Julio Llamazares es un autor de primera fila en nuestra narrativa actual. Es una lástima que este último trabajo suyo se haya quedado en “tierra de nadie”.

Próxima reseña: “La canción del bardo” de Úna Fingal (Editorial Playa de Ákaba)

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