Ceremonia de la confusión

Ceremonia de la confusión


Ceremonia de la confusión

Un grupo de ancianos desfila ceremonioso por el Paseo del Jardín Botánico de Moraleda. Todo está en silencio. Caminan tan serios que asustarían a cualquiera. Como cada inicio de otoño, deben practicar su ritual. Mientras marchan, recitan de forma pomposa los sonetos del personaje al que van a homenajear: don Ernesto Valpuerta, poeta de verbo barroco y prohombre de la ciudad.

Como si fuera una celebración militar, rodean la estatua del escritor. El hombre más avejentado avanza renqueante y toma la palabra:

—Estimados colegas, nos reunimos aquí como hemos hecho durante los últimos años para recordar a nuestro preceptor que tanta gloria trajo a la maltrecha literatura de este país…

Minutos después se oye un ruido y los arbustos aledaños a la estatua del poeta comienzan a moverse. Los ancianos se estremecen. Uno de ellos comenta:

—Tranquilos compañeros. Será el viento. Sigamos a lo nuestro…

Los demás se calman y continúan con el evento. Sacan libros encuadernados a la antigua usanza y se disponen a recitar unas cuantas poesías del señor Valpuerta a modo de homenaje:

¡Oh, musa! Tu abstrusa ausencia
se conjuga, completa, en tu figura…

—¿Os queréis callar ya? Todos los años estáis igual. – responde una voz estentórea.

Nadie identifica su procedencia pero los ancianos se quedan mirando atónitos el rostro de la estatua del poeta.

—Sí, es a vosotros… Venís a molestarme como lo hacíais mientras vivía. ¡Largaos!

El terror se apodera de los ancianos. Se miran a hurtadillas. Se vuelve a oír otro rumor de arbustos y aparece un hombrecillo vestido con un atuendo raído y pasado de moda.

—¡Qué nerviosos os habéis puesto! Anda que no os tendría asustados el menda este. Dadme algo para comer, que yo me retiro.

El anciano que ha tomado la palabra al comienzo le tiende uno de los libros de poemas mientras sus compañeros huyen alborotados. El homenaje se convierte en un sálvese quien pueda.

—¿Y ahora qué hago yo con esto? ¡Menos mal que ya se han ido! Estos poetas ya no respetan a nadie.

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